Es bien sabido que un negocio que produzca grandes dividendos jamás encontrará su fin. El negocio de las drogas deja a sus padrinos unas ganancias alrededor de ochenta mil millones de dólares al año. Esto por el lado económico, pero por otro lado el costo de mantener este negocio en la ilegalidad es nocivo para todos.
El famoso plan Colombia es un apoyo que brinda EEUU a nuestro país para combatir el narcotráfico, con la plata de este plan se compra un veneno muy conocido: el glifosato. El efecto de este veneno es nocivo para los campos, vuelve la tierra inerte después de haber sido roseada por este.
Allí en esas 20 cuadras donde había un cultivo de coca se fumigó con glifosato, sí, el cultivo se acabó, pero después la tierra no puede volver a ser cultivada por nadie, se mataron estas 20 cuadras de campo.
Otra parte muy significativa del plan Colombia es utilizada en comprar equipos militares. No hace muchos meses se compraron una serie de tanques de guerra para combatir los grupos al margen de la ley que se financian por parte del narcotráfico. Allí en la selva no hay vías, en las montañas un tanque de estos no tiene acceso, tal vez estos se guarden en Bogotá en los grandes batallones y los usen para destruir el Palacio de Justicia o el Congreso u otra edificación que represente las ramas del poder en nuestro país, la rama media que queda.
Recientes estudios revelan que los cultivos de coca, amapola no han disminuido, todo lo contrario. Pese a la gran lucha, la “desaparición” de los paras, lo diezmada que está la guerrilla, las capturas a los grandes capos, la muerte de grande varones de la coca, las palabras del ex ministro Londoño Hoyos, pese a todos estos grandes “avances” por nuestro Estado no han podido disminuir los cultivos ni su importación, ni el lavado de activos, ni la guerra entre carteles. Es una lucha perdida, perdida desde su estrategia, como dije al principio, un negocio que de dividendos de ochenta mil millones de dólares anuales no tiene fin.
Al luchar una guerra que desde el principio está perdida no se gana nada, por el contrario si hay muchas cosas con las cuales se están acabando. Nuestros campos, los cuales hacen de Colombia un lugar maravilloso, un solo paraíso. La vida de muchas personas que caen víctimas de guerras entre carteles, porque hay mucha gente inocente que por sobrevivir cultiva coca, cuida los cultivos o simples cocineros. También hay gente que trabaja al servicio de mafiosos con empleos normales; servicios domésticos, trabajadores de campo, celadores, en fin, una cantidad de gente que por el afán de vivir y de ayudar a los suyos termina envuelta en una serie de problemas, termina viviendo en medio de amenazas ajenas a ellas.
Es bien sabido el accionar de los varones de las drogas, los cuales llegan a un lugar y se adueñan de todo, compran las tierras a la fuerza, desplazan gente, llevan negocios de gente trabajadora a la quiebra, corrompen a los jóvenes, matan. Gracias a estos se generan en gran parte las escuelas de sicariato. Para estas personas trabajan los conocidos jíbaros; que no son más que vendedores ambulantes de drogas, que pelean por su territorio, crean pandillas que crean violencia y se matan entre ellos. Estas personas han establecido nuevas reglas en la sociedad. Reglas que no están bien, las conocidas prepagos, la moda de ponerse tetas y culos para venderse, el interés material para relacionarse, la falta de lealtad entre las personas. Nuestros Derechos Fundamentales pierden su valor, un mafioso no respeta la vida, ni la libertad, ni la expresión, ni la paz de nadie. Estas situaciones detestables desde todo punto de vista en nuestra sociedad se han vuelto normales, nos estamos haciendo los de la vista gorda antes una serie de calamidades que cada día se vuelven más cotidianas, una serie de hechos que no tiene porque existir ni muchos menos porque soportarlos la población.
Para no ir muy lejos sólo basta estudiar los casos más famosos en nuestro país y a nivel mundial. Como lo fueron los hermanos RODRIGUEZ OREJUELA y PABLO ESCOBAR. Los primeros financiaron una campaña presidencial y sus abogados participaron en la elaboración de ciertos artículos de nuestra lastimada Constitución. El segundo por su parte creó una ola de terror en el país sin precedentes jamás visto. Una serie de ciudadanos ejemplares asesinados, bombas, aviones derribados, secuestros, una cantidad de delitos por una sola persona contra un país casi inimaginables. Estos dos casos merecen un estudio de la condition sine qua non, la cual no es ninguna distinta al negocio de la droga. Por medio de este negocio estos personajes siniestros crearon sus grandes fortunas y para ser más específico: Por la ilegalidad de este negocio. Porque si el negocio fuera legal ellos ni hubieran tenido que vivir al margen de la ley y usar su capacidad de terror para intimidar, al igual que su fortuna no hubiera alcanzado las cifras astronómicas, como para llegar a decir que pagaban la deuda externa, una sola persona decir esto, mientras en el Chocó los niños se mueren de hambre, mientras que se acaban los colegios públicos, mientras se acaban los hospitales, mientras la mayoría de la población vive en la miseria.
Mientras este negocio pueda generar esas ganancias no dejara de existir y la lucha contra este será perdida, el Estado siempre se verá en ridículo y no sólo es Colombia, es EEUU, el cual es la súper potencia mundial, el más poderoso, más rico, no ha podido acabar con este problema, porque allá también hay mafiosos y consumidores, porque es algo que no se puede acabar, sólo educar y prevenir, como con el alcohol, el cigarrillo, el juego, vicios detestables pero aceptados por nuestra sociedad.
El ex Magistrado Carlos Gaviria conmocionó al País por medio de la Sentencia C-221 de 1994, elimino la antijuridicidad del consumo mínimo de sustancias psicoactivas, en otras palabras drogas. Esto se realizo por medio de la interpretación y el alcance que tenía nuestro derecho al libre desarrollo de la personalidad.
Las libertades de las personas. Un ser humano es dueño y señor de su vida, la cual se le debe respetar y a la vez este tiene que respetar la de los demás. Es libre de decidir sobre su credo, su sexualidad, lo que quiere estudiar, lo que quiere pensar, la ideología política, en fin, sus convicciones y estas se le tienen que respetar. Para un País netamente conservador como el nuestro fue algo que creó conmoción, de un momento a otro cualquiera podía dejar de ir a la Iglesia Católica y asistir a otro culto. Se podía ser homosexual y se le tenía que respetar, también se dijo que si alguien quería consumir una droga, no se le podía vulnerar este derecho, es su vida, es su libertad y se le tiene que respetar.
De aquí nace el mayor problema, demasiado contradictorio, como alguien puede consumir algo que no se adquiere en el mercado, que su venta está prohibida. Es algo que uno no entiende; consumir una dosis mínima es algo legal, pero ir a la calle y comprarla es ilegal, con un acto legalmente permitido apoyo un acto ilegal.
De allí la necesidad de legalizar el consumo de la droga. La afirmación es algo aterrador. La droga destruye familias, deja a la gente en la calle, corrompe la juventud, un sin número de atrocidades provienen de las drogas.
Pero si miramos lo legal dentro de nuestra sociedad encontramos que hay otras cosas iguales a las drogas que son permitidas: el alcohol, los cigarrillos, el juego. Vicios que también destruyen la sociedad que, para legalizar cada uno de estos se tuvieron que dar grandes pasos, arriesgar la estabilidad social y cambiar las costumbres, porque el delito es la ética del mañana, como lo decía Durkheim. No está de más recordar que en nuestro ordenamiento jurídico hace 28 años se encontraban como delitos el homosexualismo y la infidelidad. Y hoy en día son decisiones y actividades que caben en nuestra sociedad, gozan de cierto grado aceptación, no total, porque aún vivimos en una sociedad conservadora que, va en vía contraría al transcurrir del mundo.
La historia de la época de la prohibición del alcohol en los años veinte en EEUU es conocida por todos. Surgieron grande mafiosos como Al Capone, Lucky Luciano entre otros. Estos al igual que los capos de la droga sobornaban políticos, mataban sin piedad a sus anchas. Al vender el alcohol prohibido a grandes precios hicieron su fortuna. El fin de esta guerra contra la mafia del alcohol en Chicago fue la legalización, se les acabó el negocio, el alcohol pasó a pagar impuestos, con estos se realizo inversión social.
Acá en Colombia los impuestos del juego y del alcohol son utilizados para ayudar la salud, con estos dineros se construyen hospitales públicos, sin importar que el gobierno los quiera cerrar.
Ahora en la actualidad el licor hace parte de reuniones sociales, campañas políticas, es aceptado por la sociedad, en algunas condiciones hasta da presencia a la gente, lo que algunos años atrás era un delito hoy hace parte de la sociedad y es bien visto.
Las campañas contra el alcohol y el tabaco están en todas partes. Se habla del cáncer, de la cirrosis, de todo lo malo que deja la adicción a estas dos drogas. En la televisión no se le hace publicidad hasta altas horas de la noche para no contaminar niños. Su venta está prohibida a los a los menores de edad y es sancionatoria su no cumplimiento. En los colegios se hacen grandes campañas en contra de estos vicios aceptados, la educación en las casas, la formación del individuo es orientada al rechazo de estos dos males sociales. Se busca proteger a las personas de estos, hasta que no cumplan su mayoría de edad, donde ellos decidirán sobre si tomarán o fumarán.
Pero estas medidas fracasan frecuentemente. En las calles se ven menores de edad fumando y tomando sin control, la medida que busca que el cigarrillo y el alcohol no estén al alcance de estos están fallando. A un tendero no le importa si es menor o mayor de edad, solo le importa vender y así lo hace.
Aquí surge una falla del Estado, la falta de control que tienen sobre la venta de estas dos drogas. Hay que regular y fortaleces las medidas que castigan a la gente que no cumple la ley. Cerrar establecimientos, multas, revocar permisos, no permitir la reincidencia, sólo con un error tomar las medidas más fuertes y evitar la corrupción de los menores en nuestra sociedad, así mismo castigar a los mayores de edad que se presten para suministrar estas cosas.
Como lo dice la leyenda en el edificio de nuestra Corte Suprema de Justicia: “Las armas os han dado la independencia, las leyes os darán la libertad”. Para poder interactuar entre la sociedad sin afectar y soportar la convivencia se tienen que acatar una serie de normas morales y legales. Así como yo respeto, necesito que me respeten. Cumpliendo las leyes se respetará la comunidad, la vida se hará más sencilla y el poco grado que tenemos de libertad lo podremos respetar sin afectar la sociedad.
Una educación de fondo, unas medidas preventivas, mostrar la realidad de las cosas, desde la casa, en el colegio, las universidades, todos los entes que se encargan de educar a la persona para la sociedad, tienen que evitar el consumo de drogas, alcohol, nicotina en nuestros niños y jóvenes. Sí, evitar, porque las prohibiciones no son aceptables, la libertad de las personas no se pueden afectar, se puede educar al ser y crearle conciencia sobre el bien y el mal. Enseñarle a elegir el bien, para su bienestar y el de la comunidad.
Todo esto se tiene que realizar a cabalidad, darle el tiempo que se tarde antes de dar el gran paso a la legalización de las drogas y con esto acabar con una serie de problemas sociales que nos afectan a todos al tenerlas al margen de lo legal en una sociedad.
El shock social que esto puede causar será temporal, mientras la gente se acostumbra a ver como un vicio más es aceptado. Pero no se trata de poner las drogas al alcance de todos, que sea lo mismo comprar un coffee delight que un porro.
Para llevar esta legalización hay que crear grandes medidas. Que su expendio sólo sea para mayores de edad y se venda en lugares específicos. Volverlas un bien de alto nivel; es decir de un alto precio y regular su venta y su producción. Al igual que con el licor, las empresas encargadas de producir pertenezcan en parte al Estado y dejen regalías para inversiones sociales y de educación que, a su vez así, parezca incoherente ayude a sanar, a comer, a tener un hogar y un colegio a los más necesitados.
Este producto no se puede masificar, porque se crearía un problema se salubridad pública, tiene que ser controlado, que su consumo no se haga en sitios públicos sino en lugares especializados, cafés, bares, discotecas entre otros.
Es cierto que la prohibición no evita el consumo. La prohibición en este momento no evita casi nada. La gente que se quiere drogar lo hace. Su mercados está en todas partes, en los conciertos se vende como ofreciendo coca-cola. La prohibición no está evitando que los hogares se destruyan, que la gente se vuelva a adicta. Lo único que está logrando la prohibición es riquezas ilegales, guerras por territorio, hipocresía en la sociedad. Las normas de prohibiciones terminan siendo absurdas después de un tiempo y la prohibición de las drogas nos está reflejando esto. Las personas tienen libre acceso a estas, la realidad no se puede ocultar, es hora de dar el paso, de abrir un poco la mente y salir de este problema, porque en los últimos años el problema mayor no es el consumo sino los problemas que se crean por mantener la prohibición.
Alguien podrá decir: si el razonamiento es así, quitemos entonces para que las normas penales, pues no evitan que se cometan delitos. Pero no es así, aquí lo que está prohibido es la venta no su consumo, este no es ningún delito.
Es un derecho del libre desarrollo de la personalidad. Es absurdo seguir alimentando el narcotráfico, es un negocio que nunca tendrá fin y es una ley que no está evitando nada, que está a un paso de entrar es desuso. En conclusión la prohibición está perjudicando más a la sociedad, está perdiendo su función primordial que es protegerla.
Por estas razones creo que es el tiempo de legalizar.
jueves, 6 de noviembre de 2008
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