Fumar
Cuando despertó el cansancio lo invadió de nuevo. No fue un sueño, fue una tortura de cinco largas horas.
El hambre antes de dormir no era problema, nunca entendía porque al despertar esta se iba por muchas horas.
Él encendió un cigarrillo y supo que el problema no era fumar sino en cómo concebir su vida sin el cigarrillo. Un vicio o una costumbre de tantos años no se deja así como así. Además era su estilo de vida, un problema de ego que también tenía que ver con la imagen que quería proyectar. El sentir el humo entrando en su cuerpo lentamente generaba un placer, no comparado con el orgasmo porque nada se puede comparar con este. Por eso fuimos polvo y polvo seremos; de un polvo de nuestros padres. Fumar era un placer. De eso placeres que necesita la vida para ser vivible. Él no se decía mentiras no creía en esos comentarios del mañana que será mejor, que un hijo viene con el pan bajo el brazo, un hijo viene con varias facturas bajo el brazo.
Su pensamiento más constante era: el mundo no va a ser mejor. No hacía falta ser un genio para saberlo, sólo bastaba una mirada en las noticias, leer los periódicos, todo iba por mal camino y él, su cigarrillo y su mala salud no eran la excepción.
Una buena comida era el siguiente placer. Este si es comparable con el de fumar, son placeres netamente carnales, a diferencia del orgasmo que es carnal y mental. Porque cuando se tiene un orgasmo la mente se dispara a otro nivel, llegan ideas, otras se van. Un orgasmo es un placer que nos hace pedir por otro placer.
Salió a dar un paseo por esa ciudad fría. De largas calles que conducen de pobreza a riqueza, de perdición a perdición. El frío le estremecía las piernas, pero si no fuera por el frío esa ciudad no sería una ciudad, las personas a veces saben hacer bien las cosas.
La sed secó su boca, la saliba se fue poco a poco, parecía que sus labios se pegaban uno al otro y sus dientes dos porcelanas en un viejo cajón.
Sentose en una cafetería, donde obreros y mensajeros almorzaban y hablaban de fútbol, este es otro placer, ingrato por si acaso. La señora gorda grande de blusa de flores era quien servía los almuerzos, iba de un lado a otro con una botella llena de limonada agria que todos tomaban ignorando su sabor. Debajo de un televisor con una imagen intermitente entre colores, estaba un letreo en el cual se leía: “se prohíbe fumar en sitios públicos a partir del 30 de junio”. Él leyó mientras sacaba otro cigarrillo y se disponía a tomar de esa limonada agria, queriendo ignorar su sabor.
Pensó: ir en contra de esto es algo sin sentido, aunque parezca absurdo hay más gente que no fuma. Sería más sensata una ley que prohibiera embriagarse en público, es algo detestable, repugnante, ver a un ser humano en lo que realmente es.
Pero el problema real era estar sometido a las leyes y tener que vivir de las leyes. No hay nada más real que lo natural, los derechos que se nos otorgan por el hecho de vivir, el resto no son más que complicaciones de los hombres, la utopía de la libertad.
No había mejor oportunidad para replantear al mundo que aquella ocasión. Pues al norte la estupidez era el pan de cada día, al oriente esta se hacía cada vez más contagiosa. Las leyes cada día le hacían más daño a las personas, perdían su función. El viejo sistema estaba cansado, esa ideología del lado derecho sólo conducía a más y más problemas. El mundo estaba allí dando la última oportunidad y la gente sólo pensando en ellos no lo notaba, porque el consumo era más importante que el ser, porque el mundo es un sitio hermoso prestado y los humanos unos inconscientes sin cuidado.
Él y sus pensamientos no entendían su lugar en el mundo, un grano de arena se pierde en la mar, un pensamiento está sólo en una selva y en la selva sólo sobreviven los más fuertes, los que asesinan sin piedad, los que roban la comida.
Llego a su casa, ese lugar del que tanto miedo le daba salir. Prendió un cigarrillo y volvió a lo suyo, el precio por el sacrifico de vivir; los placeres. Esperar una mujer, hacer una comida, tomar un trago antes de dormir, fumar sin pensar, ser libre en esos pocos metros que eran su cuarto.
martes, 16 de septiembre de 2008
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1 comentario:
Bueno hermano me lei su relato, si de opinar se trata, buena iteratura .. no alcanza a ser ... argumento... tampoco ... si se centra uno en lo que trata de comunicar ... deja la sensacion de un resto de pensamientos desordenados perdidos dentro de un acaecer cotidiano.
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