jueves, 25 de septiembre de 2008

Charlie Dog o un amor de la calle

-Charlie no rompas esa bolsa, la gente es así; mala y mete vidrios en esas bolsas- Esto decía Nina mientras miraba a los lados y escondía la cola entre sus patas.
-Fresca Nina, a mí no me va a pasar lo del gallo y la tuerca-.
-¿Y qué es lo del gallo y la tuerca Charlie?-.
-Un gallo miope que confundió una tuerca con un pedazo de maíz y se le atrancó en el pescuezo y ahí quedó el pobre picudo-.
-Charlie los vidrios, los vidrios…-.
-Mira Nina hay dos huesos, hoy estamos de buenas, la hicimos como era. Comida, lo que más me gusta-.

Nina había llegado hace poco al pueblo de Charlie. Ella solía vivir en un pueblo ubicado de frente al mar. Todas las mañanas jugueteaba en la arena corriéndole al agua, odiaba mojarse. El sabor del agua del mar para Nina era algo horrible, prefería la de ese chorrito que daba al mar, el aguita que no sabía a nada, pero deliciosa para ella.
Nina vivía con dos viejos, un burro, un loro que solo maldecía su surte como loco cada mañana.
Un día, después de su juego matutino Nina volvió a su casa y sólo encontró al burro que movía su cola espantando los moscos. Nina corrió por todos los lados, ladró en cada casa, lo único que conseguía era que la mojaran con esa agua salada, de la casa de esos raros animales que ella nunca comprendió. Cansada de tanto y tanto ladrar, durmió mirando al mar, con el sonido de las olas, con el miedo y atracción que este tenía para Nina.
Nina partió camino a las montañas, se fue mirando el mar, intentando llamar al burro, ese amigo simpático que tanto la ignoraba.



-No te acerques, esta bolsa es mía- Decía Charlie mientras le mostraba sus dientes a la nueva visitante de esas calles. –Soy un perro muy bravo, el dueño de todo lo que ves, el dueño de esos humanos, de esos burros, de estas piedras y tu entras en estas calles también serás mi propiedad-.
Nina retrocedió mirando a Charlie. Le dio su espalda y gimió reclamándole al mundo su mala suerte.
-Oye no hagas bulla- Dijo Charlie sin dejar de mostrar los dientes. –No te importa perro sucio, no seas dictador en estas calles, además, sólo quería tu amistad, estoy sola en este mundo-. Charlie la miro, guardo sus dientes de nuevo y dijo en tono muy amable: -toma de esta bolsa, huele a queso-. –No gracias- Dijo Nina alzando su mirada y manteniendo su gemido. –No me interesa lo que coma un perro callejero, para tu información soy una niña de hogar-. -¿Hogar?- la miró Charlie alzando una ceja. –Hogar si lloras por tu soledad, además vas a alertar a los de la otra cuadra y nos van a quitar nuestra comida-.
-No eres el dueño de estas calles y de todo lo que veo?-
-Si la verdad sí, ellos aún no lo saben, pero soy el verdadero dueño-. Nina miró al Charlie y le sonrió. –Cómo te llamas perro de la calle?-
-Soy Charlie, el dueño de todo lo que ves-. Nina se acercó a la bolsa que Charlie le había ofrecido. –Charlie me llamo Nina y gracias por esta comida, he caminado mucho todos estos días-.
Después de haber comido todo lo que quedaba en esas bolsas, los dos nuevos amigos buscaron la sombra debajo de un buen árbol y durmieron toda la tarde.
-Nina despierta, a esta hora sale toño con sus amigos y los que no somos sus amigos nos tenemos que esconder-
-Quién es toño?-
-El dueño de todo esto-
-No eras tú Charlie?-
-También, después te cuento-.
-Para donde vamos Charlie?-
-Vamos para donde Aurelio, un gato amigo mío, se conoce todos los escondites y tiene unos guardaespaldas que no te imaginas Nina, es el mejor de este mundo-
-Charlie eres amigo de un gato? Qué te pasa Charlie, eres marica?
-No soy marica, Aurelio es tío mío-
-Tu tío es un gato Charlie?-
-Sí, después te cuento-.


Charlie y Nina se dirigieron a una casa oscura y abandonada. Un ejército de gatos custodiaba la única entrada. Todos en un coro saludaron a Charlie. Entraron a un cuarto pequeño lleno de hojas de periódicos.
-Charlie hay muchos gatos-
-No importa, todos trabajan para mi tío Aurelio-.
El sol se postró con sus rayos inclemente sobre los dos. Charlie despertó y se dirigió donde su tío Aurelio, un gato gris grande, lleno de cicatrices y sin un ojo. Con una mirada de pocos amigos. Dos gatos grandes lo custodiaban, miraron a Charlie y se aparataron. Nina seguía a Charlie, haciendo un esfuerzo por no ladrar, por no atacar.
-Así que viniste con tu novia sobrino. Murmuro Aurelio mirando con su único ojo a Nina. –No tío no es mi novia, es una amiga nueva en las calles, pero no es muy bonita mi amiga tío?-
-Charlie respeta, es tu tío-
-Es una perra Charlie. Es hora que marches Charlie, los otros gatos ya deben estar para llegar y tu sabes que no te quieren.-
-Gracias tío dijo Charlie, me voy con mi novia, perdón mi amiga- Dijo Charlie y salió moviendo su cola y corriendo en círculos alrededor de Nina.
Charlie llevó a Nina al lugar de las bolsas. Siempre allí era su desayuno, guardaba un pedazo de comida y lo llevaba a toño. Era el impuesto que Charlie debía pagar para poder estar por esas calles. Charlie a todos les meneaba la cola. Algunos niños le tiraban un pedazo de pan o papas que Charlie compartía con Nina moviendo su cola. Nina lo seguía a todas partes aún con su cola entre las patas, a veces descansando y mirando hacia las montañas, aquel lugar por donde había llegado al hogar de Charlie.
-Nina por qué miras así las montañas?-
-Charlie de allí vengo. Yo solía vivir con dos viejos, el burro Andrés que siempre me ignoraba y Gregorio, un loro que sólo maldecía su suerte. Vivíamos allí al frente del mar. Los viejos nos alimentaban, también nos pegaban, pero en los ojos, a esos humanos que eran míos, se les notaba que de verdad me querían-
-Entonces por qué estás acá?-.
-El mar se los llevó, sólo quedó el bueno de Andrés que no quiso venir conmigo, el mar es malo Charlie, allí viven monstruos, están debajo del agua con los ojos abiertos. Los viejos eran los únicos que los comían y así y todo no dejaban de mirar-.
-Nina cuando los humanos van al mar vuelven muy contentos. Llegan de otro color y huelen a sal, sus ojos se vuelven rojos, pero así son ellos felices Nina, los humanos son malos. Un día el viejo miguel. El papá de toño mordió una carne que tenía vidrios. Los humanos lo pusieron allí porque Miguel siempre estaba armando peleas con humanos y perros allí. Y un día se encontró este buen pedazo de carne, lo comió y después de un dolor en la panza cayó. Los humanos son malos Nina, han matado a muchos amigos que tenía allá en el campo, hasta a Darío, un plumífero amigo mío fue comida de ellos después de su muerte. Pero Nina, como es el mar que cambia a los humanos, que tiene eso, es más grande que esas montañas como dicen?-
- Sí Charlie, es más grande que esas dos montañas, es más grande que tus calles y que tú campo, yo jugaba con él, porque siempre está bravo, ruge y ruge y crece para llegar a la tierra, parece que tuviera algo en contra de la tierra, yo creo que se quiere adueñar de todo Charlie. Y allí duermen el sol y la luna-.
-Allí duermen? Siempre quise saber que pasaba con ellos. Nina yo quiero ir al mar, sería lo más grande que viera en mi vida-.
-Yo no quiero volver allá, el mar se llevo a mis viejos y a Gregorio y Andrés ya no se acordara de mí-.
-Vamos Nina, somos amigos y los amigos se ayudan para lograr lo que quieren y somos dos perros, dos fieles-.
Nina miró a Charlie con angustia. Fueron al árbol de Charlie, donde siempre dormían la siesta, hasta que cayera el sol.
Charlie le mostró todas las calles, presentó sus amigos. Siempre corría en círculos a Nina y le lamia sus ojos. Eran los mejores amigos, protegidos por Aurelio, en las noches y pagando su impuesto por transitar por esas calles tranquilos. Con la llegada de Nina toño aumentó el impuesto. Por tal razón Charlie madrugaba más y buscaba nuevas bolsas, mientras Nina oía las historias de Aurelio, las peleas y como se volvió el dueño del territorio, esperando a Charlie, para buscar sus comidas y caminar siempre mirando las montañas.
-Don Aurelio, por qué Charlie es su sobrino?-. Preguntó Nina mirando fijamente el único ojo que tenía ese viejo gato que golpeaba su lomo con la cola.
-La verdad es que la mamá de Charlie tuvo una pelea con unos gatos de este sector, ella mató a varios, pero matute, un amigo mío que ya no vive más le sacó ambos ojos y fue presa fácil para el grupo- Mientras Aurelio contaba su historia Nina se apartaba poco a poco por el miedo que la invadía. –Pero lo que no sabíamos era que esa perra tenía un cachorro, que por tal razón peleaba por territorio- Continúo Aurelio. –Así que trajimos a Charlie y mi hermana, que ya tampoco nos acompaña más lo trajo hasta aquí y creció con la carne que nos sobraba, diciéndole mamá a mi hermana, por eso es mi sobrino-.
Nina salió de la casa a pensar y a observar las montañas mientras esperaba a Charlie.
-Charlie tu eres hijo de gatos-
-Por eso soy un mejor perro Nina-.
Charlie era un perro flaco, café de manchas negras, flaco y con una cola larga. Era un poco más alto que Nina, tenía manos grandes y uñas largas, siempre andaba con la boca abierta buscando agua. Nunca dejaba de jugar y de mirar a Nina.
Charlie sentía el deber de proteger a Nina, porque él había sido un protegido, aunque nunca contaba su historia. No hablaba de su madre ni de su padre, sólo de su tío Aurelio, de las calles y de los humanos que eran suyos.
Nina era una perra café, de manos grandes y unos colmillos afilados. Siempre andaba con la mirada melancólica y mirando a las montañas. Pocas veces sacaba su cola de entre las patas. Miraba a Charlie correr en círculos a ella y sentía un alivio por dentro, algo que le hacía quitar su mirada de las montañas. Nina era delicada pero fuerte, siempre regañaba a Charlie por buscan tan confiado en las bolsas, recordando la historia del gallo Darío.
-Charlie por qué me trajiste al campo?-
-Te quiero presentar a un amigo, a Camilo, él siempre se está quejando de sus humanos y comiendo pasto como bobo-.
Nina se echó al lado de Charlie, puso la cabeza en su lomo. Charlie se volteó y quedó mirando arriba, a Nina. Le paso la mano suavemente sobre su cara mientras movía la cola.
-Oye Nina moviste la cola, la moviste yo sabía que algún día la tenías que mover-.
-No la moví Charlie, no digas mentiras-.
-Yo sé que si, sé que estás enamorada de mí, lo veo en tus ojos y sé que moviste la cola por mí, no tiene nada de malo Nina, yo la muevo por ti-.
-Porque tú eres el que está enamorado de mi Charlie-.
-Los dos Nina-.
Nina observó una sombra grande que se aproximaba a ellos, unas patas largas, algo mucho más grande que el burro Andrés, más grande que las vacas que ella conocía.
-Charlie mira ese burro gigante nos va a comer, corre- Gritó Nina mientras comenzaba a correr.
.No Nina, no corras es mi amigo Camilo, el bobo que sólo come pasto-.
-Charlie no me digas bobo, tu sabes que no me gusta. Y esa es tu novia, de las que todos hablan, la perra para el buen Charlie?-.
-Si Camilo es mi novia-.
.No soy la novia de nadie- Grito Nina mientras se acercaba de nuevo.
-Camilo después te cuento- Dijo Charlie picando un ojo y moviendo la cola.

Ese día no hubo tiempo para la siesta en el árbol. Toda la tarde hablaron con Camilo. Este les contó su historia, de cómo se aguantaba a su humano sólo porque este le daba comida. Decía que un día de estos de tanto cansarse le daba una patada y se volaba de esa tierra a buscar una yegua que había visto en un viaje a otro pueblo.
Charlie y Nina llegaron cansados a la casa de Aurelio más cansado de lo normal, reunieron sus periódicos y durmieron plácidamente.
Esa mañana Nina se despertó más temprano que Charlie, tenía algo muy importante que decirle:
-Charlie despierta, tengo que hablar contigo-
-Qué tienes Nina?-
-Charlie me gustan tus ojos, siempre están optimistas, me gusta que no piensas la vida, sólo la vives, eres sobrino de un gato, no te metes con nadie, eres amigos de todos, cuidas de mí sin tener una obligación. Me gusta cuando corres por mi lado y tu cola larga y café que nunca para de moverse y he notado como se acelera cuando me ves-.
-Porque tú me gustas, tus ojos tristes, porque quiero ser la alegría de ellos-.
-Charlie vamos hoy donde Camilo y digámosle que somos novios, despertemos a tu tío y contémosle, que todas tus calles lo sepan, que toño lo sepa, somos novios y siempre lo seremos-
Charlie lamió la cara de Nina, su lomo, su cola, corrió por su lado como nunca lo había hecho. Los gatos despertaron a mirar. Cuando Charlie se canso cayó a un lado de Nina patas arriba, con su lengua afuera. Nina lo lamió completamente y empezó a correr en círculos a Charlie.
Esa tarde fueron a su árbol, ese lugar donde se escondían de sol cada tarde. Charlie beso muchas veces a Nina, subió sus manos al lomo de esta, le susurró que la amaba mientras lamía su oreja.
-Charlie me duele, me duele mucho, bájate rápido-
-No espera Nina, este es el verdadero amor-. Charlie cada vez se movía más y más, mientras Nina aullaba.
-Nina no aúlles, va a venir el ejército de toño-.
-Charlie bájate ya, por favor-.
-Nina no puedo, no quiere salir-
-Cómo qué no quiere salir Charlie, sácalo ya-.
-No puedo Nina, me duele mucho-
Charlie no era capaz de sacar su miembro de Nina, por más fuerza que hacía estaban allí unidos, como siameses. Charlie no sentía placer, sólo obligación al igual que Nina.
Charlie hizo su mayor esfuerzo y quedó cola contra cola de Nina. Aullaba y aullaba pero no podía quitarse de Nina.
-Charlie sácalo ya, no aguanto y no aúlles, acuérdate de toño-
-No me importa toño, sólo me quiero quitar este dolor-
-Charlie, te odio, te odio, te voy a matar Charlie, eres lo peor-
-Cállate perra, estoy haciendo lo que puedo-
-Ya Charlie-
Cuando lograron soltarse Nina Salió corriendo. Charlie quedó en el suelo retorciéndose del dolor, era incontrolable. No era capaz de volver a guardar su miembro, aullaba y aullaba.
-Nina te amo, el peor dolor del mundo pero te amo-. Gritaba Charlie comenzando a reír con su lengua afuera.

Al pasó de una hora Nina volvió al árbol. Encontró a Charlie dormido, se echo a su lado, lamió su boca y le dijo que lo amaba. Charlie abrió un ojo, la miró, la lamió y puso su mano en el lomo de Nina y durmieron mientras reían.
-Nina vamos al mar, quiero conocer el lugar más grande que existe, quiero conocer a Andrés, quiero que nos unamos para siempre allí en el fin del mundo, en la inmensidad, en el lugar de los monstruos que nunca duermen, quiero vivir allí, en tu casa, conseguirnos otros humanos, para dejar de buscar comida, vamos a ser padres y es mejor no arriesgarse con esos vidrios que ponen los humanos ahí. Vamos Nina seamos libres allí en el mar, hasta que se tome a la tierra y nosotros seamos los primeros en conquistarlo-
-Charlie te amo, vámonos para el mar, que nuestros hijos crezcan allí, sin toño, sin Aurelio, con Andrés y contigo, de pronto Gregorio ha vuelto y me espera y será el tío de nuestros hijos-.
Ese día ambos partieron hacia el mar. Charlie rumbo a lo desconocido, Nina a un pasado al cual ya no temía, la acompañaba Charlie y los hijos que pronto nacerían allí en su hogar con Andrés y mirando al mar.
Emprendieron su camino en la mañana. Se despidieron de Aurelio y Charlie no quiso pagar su impuesto a toño. Comenzaron a subir las montañas en la mañana. Sólo Aurelio sabía de sus planes, no se despidieron de Camilo ni de ningún amigo. Charlie pensaba que era parte de su vida, ahora iba a ser padre y este lugar no era el indicado.
Charlie siempre persiguió la libertad y que mejor lugar que en la inmensidad del mar, sin humanos, sin nadie que pusiera vidrios en su carne. Sólo el mar, el lugar donde dormía el sol y la luna también tendría que tener una tibia cama para Charlie.
-Nina, falta mucho?-
-Charlie apenas bajamos las montañas-
-Nunca me dijiste que todo era plano por acá. Desde el mar podré ver mis montañas?-
-Si Charlie, pero estarán lejos, más lejos que la cama de la luna y el sol. Charlie el mar es el mejor el lugar cuando las montañas ya no nos ofrecen nada. Las montañas son para esconderse, el mar es para disfrutar y para no necesitar de nada más-.
-Yo seré del mar Nina y combatiré los monstruos que nunca cierran sus ojos para que estés tranquila-.

Charlie observó el mar y por primera vez en su vida metió su cola entre las patas, tuvo miedo, quiso volver a las montañas. Creyó que tanta agua se lo llevaría. Nina soltó dos lágrimas, se acerco al agua y dejó que esta le mojara las patas.
-Charlie, está tibia, no seas cobarde ven-.
Charlie se acerco tímidamente hasta donde estaba Nina. Cuando el agua se acercaba salió corriendo lejos. Nina reía y reía, mientras le gritaba que el agua no se lo llevaría.
Ese día caminaron por toda la playa buscando el antiguo hogar de Nina. Pero no encontraron nada.
Nina pensó en volver a las montañas pero Charlie no lo permitió, en las montañas ya no había nada, acá también tendrían que haber bolsas con carne y sin vidrios.
Caminaron durante un día hasta ver a Andrés, que espantaba los moscos con su cola.
-Nina ese caballo pequeño es Andrés?-
-Es un burro Charlie-
-Conocerá a Camilo?-
-Pregúntale-.
La vieja casa aún seguía vacía, los dos viejos, los humanos de Nina nunca volvieron, se fueron con Gregorio y no dejaron rastro alguno. Esta era la nueva casa de la familia de Charlie Dog, con Nina y Andrés que nunca le hablaba. Charlie decía que por esa era un burro, porque no sabía hablar.
Charlie siempre se las arreglaba para traer comida a Nina y ahora a sus tres hijos, todos heredaron las manchas de Charlie. Dos perros y una perra. Los puso Aurelio, en honor a su tío, Charlie al más parecido a él y a la otra Lina.


Charlie salió de casa a buscar la comida para todos. Andrés lo siguió por un rato sin pronunciar una sola palabra. Moviendo su cola y con la lengua afuera, siempre pensando en su amada Nina y los tres hijos que le había dado.
Había allí dos bolsas grandes negras, con olor a carne y pájaros grandes volando por encima. Charlie salió corriendo y ladrando para ahuyentarlos de allí, no miró a su lado, sólo pensaba en toda la carne allí para muchos días. Los pájaros se negaban a irse, Charlie acelero su paso, no oyó un ruido a su lado. Cuando miro, vio un gran monstruo, de los que nunca iban a su pueblo encima de él, Charlie no tuvo tiempo de reaccionar, puso su mirada allí.


-Charlie despierta, Charlie despierta- Decía Nina mientras lo lamía y ladraba a esos pájaros que ahora se acercaban a Charlie.
-Charlie háblame, mueve tu cola, Charlie por favor un juegues-. Nina corría para los lados e intentaba espantar estos pájaros que se querían robar a su perro. Uno de estos metió su pico en el ojo. Nina sintió morir de la rabia, se tiró como una fiera, cogió su ala y la arrancó de un solo mordisco. Los demás pájaros al ver esto, se alejaron y no ayudaron a su amigo que moría desangrado al lado de Charlie.
-Nina, ahora si quede como mi tío, lo que no se hereda se hurta. Nina me voy-.
-No Charlie vas a estar bien, no pienses eso, Aurelio, Lina y el pequeño Charlie te esperan en casa, tienes que volver-.
-No Nina, cuídalos muy bien, los amos a los cuatro, pero debo irme para donde están Miguel y Darío-.
-No Charlie no lo hagas- En ese momento se acercó Andrés corriendo y repartiendo patadas a todos los pájaros que indolentes miraban la escena.
-No es tan burro- dijo Charlie y haciendo su último esfuerzo lamió a Nina, bajo su cabeza y durmió allí para siempre. Nina aulló durante una hora como nunca. Andrés se quedo todo el tiempo espantando esos pájaros. Se acercó a Nina y por primera vez habló:
-Nina vamos, yo los cuidaré-
-No Andrés, iremos a la casa del tío de Charlie, donde don Aurelio Dog, allí nos quedaremos y cuidaran de nosotros, ven tu también, te presentaré a Camilo y no estarás tan sólo.
Nina se alejó de este lugar al lado de Andrés. Charlie quedó allí tirado, al lado de un gallinazo que moría desangrado, al frente de dos bolsas de carne. Los demás gallinazos se acercaron y se comieron todo, incluyendo a su amigo y al bueno de Charlie.

No hay comentarios: