Recuerdo los partidos de la selección Colombia cuando era muy niño a principios de los años noventas; además de ser espectáculos deportivos, eran un buen pretexto para compartir en familia y si a esto le aumentamos que en ese tiempo el equipo ganaba casi todos los partidos y jugaba para el espectáculo, la familia no solo terminaba feliz sino borracha, soñando con ir al mundial y por qué no, hasta imaginándose campeones del mundo.
Eran los tiempos del toque toque, de Pacho Maturana, el Pibe, Asprilla, Rincón, eran los tiempos de la parranda costeña, la música de la selección era el ritmo costeño, la caliente Barranquilla acogía no solo a los asistentes al estadio sino que la gente viendo la televisión se imaginaba también en el sabor de arena y mar, eran los tiempos de William Vinasco y Adolfo Pérez, eran tiempos en los que se disfrutaba del futbol.
Casi 10 años después no alcanzamos a comprender el cambio estrepitoso… una selección defensiva, cenicienta de los equipos suramericanos, ambiente a dinero, ambiente a rosca, critica destructiva, egocentrismo de jugadores y de técnicos, la música cumbiambera de otrora ya parece el metal destructivo y oscuro de hoy.
Esperemos el proceso de dos partidos de Lara, amanecerá y veremos si puede cambiarse este constreñimiento social y deseos de una selección que amenice de vez en cuando las realidades sociales absurdas y desgarradoras con las cuales convivimos en el día a día, ojala la selección Colombia en su integridad se de cuenta de su verdadero sentido de existencia como lo es representarnos a nivel internacional en el deporte con un mensaje de unidad, de reconciliación, de paz, de desarrollo, de querer barrer toda la mierda que anda por las calles de nuestras ciudades y campos.
Por ALEJANDRO GUZMAN RENDON
domingo, 12 de octubre de 2008
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