domingo, 12 de octubre de 2008

Fuegos y Olores

Diana vio pasar a Juan como a cualquier otro, indiferente, uno mas del millón que en el supermercado pasaban al día por su lado; diagonal a ella otra mujer ubicaba objetos en el estand mas alto subida en una escalera enorme y de pronto dejó caer un objeto, el joven devolvió su marcha, lo recogió, subió algunas escalas y le entregó el objeto a la mujer que no dio las gracias, pero su rostro las reflejó exageradas. Diana que estaba a punto de terminar su turno diario aprovechó con coquetería y le gratificó a Juan:
- Muchas gracias, agradezco que lo hayas recogido, los caballeros no son muy comunes por estos días…
Juan sonrojado movía las manos como sin saber que responder, pensaba en decir que no era nada pero sonaría muy narciso, pensó después en decir que era un acto reflejo pero mataría el encanto de su acto, al final dijo tartamudeando
- no se, vi esa escalera tan grande que pensé ¡uy, bajar y volver a subir y entonces…
- no importa – increpó Diana - me gustan las personas que piensan en los demás, mucho gusto Diana.
Dos horas después compartían un café, hablaban sobre sus días cotidianos, sobre sus fracasos, sus amores
- Dicen que somos fuegos, fueguitos furtivos, que queman con miradas, o con caricias calientan y regocijan.
- Pero dicen también que algunos son fríos témpanos humanos…
- Eso también lo he escuchado pero no lo no creo, porque a veces me enfrío de alegría, me enfrío de amor… pero cuando te miro a los ojos me calientas, vuelvo a ser fuego, vuelvo arder, vuelvo a soñar, vuelvo a reír…
- O sea que no tienes fuego propio… no, un amante así no quiero en mi vida, quiero siempre fuego vivo, rojo, chispas, chispazos no quiero alguien frío cerca porque entonces no voy tampoco a ser una llama, un incendio voraz.
- ¿alguna vez has estado en tierra fría?
- Si claro, pero no me gusta, me gusta la tierra caliente, la pachanga, la salsa, la fiesta…
- Te pregunto porque si has estado en tierra fría habrás sentido el placer de pasar del frío inmisericorde a lo excitantemente caliente
- Eso no existe, los extremos no dan placer, los extremos enferman tu cabeza, lo único que puedes sacar de lo extremo son rabias, deshumores, hasta frustraciones,
- Acaso no te gustaba ser un fuego extremo?

El silencio duró mas de 15 minutos, en ese tiempo ninguno supo quien era el fuego ni quien era el hielo, a Juan no se le ocurría nada para sacar del limbo la conversación, Diana contrariada pensaba que la coquetería le había salido cara y ahora estaba en aprietos; en una decisión apresurada opto por irse, y él sin mas remedio la dejó ir, dos pasos mas adelante ella se dio cuenta que no quería irse, quería llegar al final, sentía el fuego de Juan, su olor la atraía, sus palabras la arrullaban y la excitaban, quería terminar con gritos y orgasmos, pero seguía caminando, pasando andenes, semáforos, y tomando un taxi que la conduciría a la soledad cotidiana. Juan atónito vio como se marchaba una mujer hermosa, que ha debido tomar sus manos, acariciarla, besarla y ver como terminaban desnudos, envueltos en sábanas…

Ella nerviosa en el supermercado, el nervioso comprando flores, ella mirando para lado y lado la gente que pasaba cual paranoica espía, lo buscaba, quería verlo, era un joven poco agraciado pero quería mirarlo a los ojos, quería sentirlo, el presentimiento se hizo real, a su lado un joven extendía sus manos con rosas rojas grandes y olorosas, - dos llamas juntas pueden hacer el incendio del milenio - le dijo.

Fin.

Por: ALEJANDRO GUZMAN RENDON

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